HUMANIDAD
¿Se deja ir o intenta alguna meta?
¿A dónde va, si va?
¿Qué angustia intuye ese ojo
que desanimaliza?
¿Se ve al alma salir por el hocico?
¿Se ve entrar por la oreja
el canto de la muerte?
Resiste en ese río que no fluye
en esa lava inevitable y quieta
en esas pinceladas
de claridad absurda,
en las que se define su existencia.
Ni un ladrido
ni un suspiro.
tan solo ese ojo que me ve y te ve,
tan solo, vida, el ojo en que nos vemos.
Soneto X
¡Oh dulces prendas por mí mal halladas
dulces y alegres cuando Dios quería,
juntas estáis en la memoria mía
y con ella en mi muerte conjuradas!
¿Quién me dijera, cuando las pasadas
horas en que en tanto bien por vos me vía,
que me habiades de ser en algún día
con tan grave dolor representadas.
Pues en un hora junto me llevastes
todo el bien que por términos me distes,
llevadme junto al bien que me dejastes;
si no, sospecharé que pusistes
en tantos bienes porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.
Garcilaso de la Vega
Horas breves do meu contentamento,
nunca me pareceo, quan vos tinha,
que vos visse mudadas tao asinha
en tao compridos annos de tormento.
As altas tôrres que fundei no vento,
levou, enfim, o vento que as sostinha:
do mal que me quedou a culpa e minha,
pois sobre cousas vaas fiz fundamento.
Amor con brandas mostras apparece,
tudo possivel faz, tudo assegura;
mas logo no melhor desapparece.
¡Estranho mal! ¡Estranha desventura!
Por um pequeno bem que desfallece,
un bem aventurar que sempre dura
Luis de Camões
Así traduce al castellano el soneto del portugués, en el siglo XVII, Juan de Tarsis, Conde de Villamediana:
Horas breves de mi contentamiento,
nunca me pareció cuando os tenía
que tan presto mudadas os vería
en tan cumplidos años de tormento.
Los edificios que fundé en el viento,
él los llevó como él los sotenía;
del mal que me quedó la culpa es mía
pues busqué en vanidades fundamento.
Amor con falsas muestras aparece
cuando sus imposibles asegura
y al mejor tiempo se desaparece.
¡Oh grande engaño, oh grande desventura!
¡por un soñado bien que desfallece
aventurarase a un mal que siempre dura.
En la sala hipóstila del palacio que arquitrabes y capiteles de plata coronan, recostado en su triclinio, Marco Antonio con atención de soldado y preso de la belleza de la reina, la escucha en el suave acento de sus palabras: ella le cuenta un cuento de la tradición de oriente que evoca en el guerrero amores y batallas, y que le hace olvidar la copa de oro llena del dulce néctar. Mientras canta su relato, la sirena deshoja las flores de la muerte y las deja con suavidad en el vaso de Antonio. Se interrumpe un instante el ritmo melodioso y el romano hace ademán de beber, mas Cleopatra, siempre esplendorosa a sus ojos, se anticipa y retira hacia sí el fatídico cáliz. Luego besa a Antonio con pasión y da la copa a un siervo, que se postra agradecido, bebe a la salud de la princesa y queda helado por el fuego de la muerte.
Así nos lo cuenta Manuel Machado en un magistral soneto de alejandrinos
ORIENTE
Antonio en los acentos de Cleopatra encantado,
la copa de oro olvida que está de néctar llena.
Y, creyente en los sueños que evoca la sirena,
toda en los ojos tiene su alma de soldado,
La reina, hoja tras hoja, deshojando sus flores,
en la copa de Antonio las deja dulcemente…
Y prosigue su cuento de batallas y amores,
aprendido en las magas tradiciones de Oriente.
Detiénese… Y Antonio ve su copa olvidada…
Mas pone ella la mano sobre el borde de oro,
y, sonriendo, lenta, hacia sí la retira…
Después, siempre a los ojos del guerrero asomada,
sella sus gruesos labios con un beso sonoro…
Y da la copa a un siervo, que la bebe y expira
Como dize Aristótiles, cosa es verdadera,
el mundo por dos cosas trabaja: la primera
por aver mantenençia; la otra cosa era
por aver juntamiento con fenbra plazentera.
Juan Ruiz
En uno de esos correos que circulan por la red, la mayoría intragables ocurrencias hueras, recibo otra lista más de respuestas de alumnos en los exámenes. Llama la atención en especial una por su genial pragmatismo filosófico. Se resuelve en ella con un desparpajo más certero que en toda la retahíla de majaderías que dan como sentencias sapienciales los tratados de teología escritos y por escribir, la pregunta clave de las religiones trascendentes:
La Fe
Es la que nos da Dios para entender a los curas
Es erigir la nación como absoluto, al que todo -el derecho, la moral, la política- debería someterse. Siempre virtualmente antidemocrático (si la nación es verdaderamente un absoluto, ya no depende del pueblo, sino que es el pueblo el que depende de ella) y casi siempre xenófobo (quienes no forman parte de la nación están como excluidos del absoluto). Es un patriotismo exagerado y ridículo: erige la política en religión o moral. Por eso es naturalmente pagano y casi inevitablemente inmoral.
André Comte-Sponville. Diccionario filosófico. Edit. Paidós. Barcelona, 2005
-...En general los sabios de todos los tiempos han dicho siempre lo mismo, y los necios, es decir, la inmensa mayoría de todos los tiempos, han hecho siempre lo mismo, a saber, lo contrario: y así seguirá siendo. Por eso dice Voltaire: nous laisserons ce monde-ci aussi sot et aussi méchant que nous l’avons trouvé en y arrivant [dejaremos este mundo tan tonto y tan malvado como lo encontramos al llegar]
(Arthur Schopenhauer. PARERGA Y PARALIPÓMENA Edit. Trotta. Madrid 2006 pág.332)
El arte es la mirada genial a la objetividad. No la ve como derivación de la voluntad de vivir, que no es sino voluntad de sufrimiento. La ve como fenómeno gozoso que no requiere explicación. Gracias al arte, la Voluntad que mueve, soporta y explica el mundo, deja al intelecto un resquicio por el que se intuye la representación monda y lironda, la objetividad genial. El arte nos redime y nos convierte en dioses cuya única tarea es arrobarse en la contemplación de las formas puras.
La música, los estados de felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizá, el hecho estético.
(J.L. Borges. OTRAS INQUISICIONES)
La orwelliana neo lengua a la procura de hombres felices genera enunciados que sólo tienen como fin provocar beata inopia, redentora de humanos argumentos que todo lo complican. No pienses, pues, que la palabra ha de decirte nada contra el Poder, porque la guerra es la paz y la prisión es la libertad
Adelino Cattani en el prólogo de Expresarse con acierto (Alianza Editorial. El libro de bolsillo. Madrid, 2010), recuerda una de las confucianas reflexiones. La primera de todas, ya que la importancia que se le da en ella al lenguaje es condición fundamental de toda la sabiduría del sabio chino.
“En cierta ocasión, preguntaron a Confucio:
-¡Por dónde comenzarías si tuvieras que gobernar al pueblo?
-Mejoraría el uso del lenguaje –respondió el maestro. Los presentes se sorprendieron:
-Pero eso no tiene nada que ver con lo que te preguntamos –dijeron- ¿Qué significa mejorar el uso del lenguaje?
Y Confucio respondió:
-Cuando el lenguaje no es el adecuado, lo que se dice no es lo que se piensa; y si lo que se dice no es lo que se piensa, las obras no se realizan; y si las obras no se realizan, no progresarán ni la moral ni el arte; y si el arte y la moral no progresan, la justicia no será justa y la nación no conocerá el fundamento que la sostiene ni el fin a que aspira. Por tanto, no se tolere el menor arbitrio en las palabras. Ése es el problema primero y fundamental”.